Desierto Basura: La imagen materia se sitúa entre registro y construcción. No se limita a documentar un fenómeno, sino que lo reconfigura desde su propia materialidad. La imagen deja de operar únicamente como representación para constituirse como superficie, objeto y cuerpo.
La exposición se articula como un recorrido donde cada pieza participa de una transformación progresiva que transita del registro al sistema, del objeto al espacio y, finalmente, a su degradación.
La repetición y la serialidad remiten a los sistemas industriales que producen aquello que se representa. Las obras operan como módulos y la acumulación se establece como estructura formal, trasladando la mirada desde lo singular hacia lo sistémico.
La obra evita el registro documental clásico desplazando la fotografía hacia una condición más táctil, reduciendo la distancia con el espectador. A medida que avanza el recorrido, la imagen se expande hacia telas, sacos, etiquetas y superficies plásticas. El soporte deja de ser neutro y pasa a constituirse como una estructura activa, integrada en la misma lógica del residuo.
Las obras instalativas profundizan esta operación al desplegarse en el espacio. El espectador habita la obra y la imagen deja de ser únicamente observada para convertirse en un sistema espacial.
En el territorio, el textil pierde su condición individual y se convierte en masa. Prendas, etiquetas y fardos pierden singularidad en la acumulación y se vuelven anónimos. La obra reorganiza esta condición e introduce un orden que se contrapone al colapso del exceso
Bajo operaciones como la arruga, la erosión, la disección o su expansión en el espacio, la superficie pierde continuidad, la legibilidad se desestabiliza y la imagen deja de sostenerse como unidad. En este desplazamiento es llevada hacia sus límites como forma de registro, activando una tensión entre belleza y devastación.
Desierto Basura construye desde la materialidad de la imagen una forma de pensar el territorio.