Hacer haces de luz: la luz nos hace a nosotros y nosotros hacemos luz.
Pero en el incentro de ese silogismo ocurren toda una serie de fenómenos inesperados, que no por pasar desapercibidos, son menos determinantes.
David Scognamiglio busca lo inesperado, aunque suene a paradoja. En la realidad y en su doble. Y también en su doblez.
Se sorprende y se deja sorprender por lo material y lo inmaterial. Es su y nuestra propia mirada la que se deforma, se expande, implosiona, y descubre lo sublime en el detalle. En el instante. Puntos de fuga a la fuga.
Las esculturas murales están compuestas por láminas lenticulares y fragmentos de vidrio polarizado provenientes de pantallas de LCD en desuso. El emisor deviene en objeto artístico.
Superficies que transforman su estatus para convertirse en fenómenos variables, tan variables como el clima, tan dinámicos como nuestros movimientos.
¿Cómo retener una imagen en movimiento? Es un misterio atractivo. La mirada duda, la cabeza oscila, nuestro propio comportamiento se vuelve extraño, imprevisible.
La luz es surco, es vestigio, es huella. ¿Qué se esconde en las fisuras del espacio? ¿En las fisuras del tiempo?
En el desierto el artista cultiva arquitecturas rotas. La intervención de Scognamiglio en el Salar de Uyuni consiste en una línea de luz de 300 metros sobre el paisaje. Un sistema de orientación ancestral convertido en una experiencia desorientadora. Paisajes en los que puntos son líneas y líneas puntos, mediando de manera confusa entre lo terrenal, su escala humana, y lo celeste, con su escala astronómica.
¿Otras realidades, u otras formas de ver esta realidad? Aquella injerencia tan similar a la que acontece en sueños, bajo los efectos de los alucinógenos, durante la lucidez terminal. Las fotografías y el video nos introducen e inducen en otra dimensión de dimensiones. Estamos dentro de una imagen.
La nave temporal invita a recorrer y habitar esa fisura, a avanzar hacia una vertical desviada, quién sabe si pare entrar, o para salir.
Divagar en ese estadio intermedio, difuso y tornadizo.
Juan José Santos





